El respeto es la base fundamental de la democracia.
En el respeto a si mismo, en el respeto de los derecho de los y las demás, y en
el respeto a las leyes descansa el sistema democrático.
El respeto es como una
plataforma necesaria para la práctica de todo los demás principios sociales y
éticos.
Una actitud de respeto no es necesariamente una
actitud de su misión crítica.
Muy por el contrario, respetar a los y a las
demás no excluye el examen crítico de sus actitudes, de sus creencias.
La clave
del respecto estriba en reconocer el derecho de los y las demás de ser y actuar
de acuerdo con sus convicciones.
Así que el respecto supone el reconocimiento
de las libertad de los y las demás.
El respecto tampoco es equivalente al miedo, más
bien implica la valentía cívica de defender lo que creemos sin afectar el
derecho de los y las demás a mantener sus convicciones.
La autoridad se fundamenta en el respecto.
Los y las
que detentan cargo de autoridad están obligados a respetar la constitución, las
leyes, los derechos y la voluntad de los electores.
Así mismo, las ciudadanas y
los ciudadanos tienen la obligación de respetar la constitución, las leyes, los
derechos de los y las demás y la voluntad soberana del pueblo expresada en las
elecciones, aunque a algunos y algunas la persona elegida no le parezca idónea
para el cargo para el que fue elegida.
La tolerancia es una manifestación del respecto.
Esta implica el respecto de la diversidad de comportamientos, siempre que estén
dentro del marco del respeto mutuo.
La tolerancia es activa.
No es simplemente
dejar que los y las demás sean diferentes y actúen de modo diferente, si no
también dar apoyo a las luchas de las minorías para que ocupen el espacio que
en justicia les corresponde dentro de la sociedad.

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